En cuanto a lo más valioso que del intercambio, María Belén primero remarcó “siempre fue algo que quise hacer, pero sinceramente nunca pensé que iba a tener la oportunidad, ni tampoco animarme a estar lejos de mi familia y sola”.Luego de hacer esa aclaración comenzó a enumerar varios valores “aprendí sobre las cosas por las que ellos creen importante pelear, los derechos de las mujeres y de la raza negra”. Además, “su educación, creo que conociéndola aprendí a valorar la nuestra”. En este sentido, la concordiense destacó “para nosotros es tan común ir a una Universidad pública, y la gente con la que conversé, no sólo brasileros de todo el mundo, impresionados porque no pagamos absolutamente nada y tenemos buena educación”.
Por otro lado, describió como “muy valiosas las personas que conocí, me hice amigos que espero no perderlos en toda la vida, excelentes personas. Aprendí cosas que tal vez no aprendería en toda una vida y aprendí culturas e historia de muchos países”. Allí contó su experiencia “en esa semana de África, bailar en el escenario, escuchar las canciones con tantos sentimientos, probar comida y hacerme amigos de ahí creo que es algo que no pasa todos los días. No puedo resumir más todo lo valioso e interesante que considero haber tenido esta experiencia”.
Haciendo referencia a su adaptación a un nuevo país y sobre lo que más le costó, Ayala recordó “el primer día, apenas llegué, me sentí sola, mal. En el hostel me hice una amiga argentina, una española, una uruguaya y una paulista y partimos a conocer la ciudad. Por la noche fuimos al carnaval da rua -en la calle- y cambió todo para mí. Vi alegría en todos los brasileros que claramente me la transmitieron. Conocí mucha gente, todos ‘buena onda’. Pude mantener esas amigas el resto del intercambio y también hasta el día de hoy. Desde ese día, nunca más extrañé ni quise volver”. Además, subrayó la oportunidad de “todos los días conocer personas nuevas, aprender esa cultura tan hermosa que tienen y esa forma particular de ser que tienen los brasileros”. Aunque también acotó que “probablemente lo que más me costó y que llevó tiempo fue animarme a hablar portugués, no sabía prácticamente nada antes de ir y fui aprendiendo, pero siempre había esa cuestión de vergüenza que me hacía difícil hablar pero tampoco nunca me detuvo. Para muchos fue difícil comer todos los días arroz y feijao en el restaurante universitario, para mí era un placer. Me gustó y disfruté de todo, la música, los bares, la gente, la universidad, inclusive tomar el colectivo 5.30 los lunes para entrar a clases 7.30 ya que demoraba una hora en llegar”. Por otro lado, indicó que “logré entender muchos conflictos que tienen con el gobierno, su apatía con la copa del mundo y disfrutar de muchas cosas”.
En cuanto a las actividades fuera de lo académico, la estudiante de la UNER describió que “realicé handball en la Universidad por un tiempo. Trabajé como voluntaria en el laboratorio de panadería, realicé junto con una becada la evaluación de fideos hechos de radícula de cebada. También, aproveché cada visita que pude con la universidad, ya que cuando sobran lugares en los viajes académicos invitan a personas que no estén afectadas a la clase. Asistí a varias exposiciones y eventos que también realizó la universidad por cumplir 80 años, como el recital de Gilberto Gil, que para mí fue fantástico aprender de la cultura desde otro lugar. Pude asistir a la cancha también fui a ver al estadio de Gremio un partido de la Copa Libertadores, y a la cancha de Internacional (las dos canchas más conocidas de Porto Alegre) fui a ver un partido del mundial, Francia-Honduras”. Además de ello, “fui a cada expresión artística que pude, marchas, charlas, espectáculos de cine, festivales de teatro callejero, semana africana, boliches y bares de todo tipo, hasta participé del video clip de una canción de una banda musical brasilera, y así puedo nombrarte montones de cosas”.
En la parte estrictamente académica, María Belén contó que cursó “4 materias, Toxicología, Tecnología de cereales, aditivos y coadjuvantes y enzimología; y todas me gustaron mucho”.
En relación al nivel respecto a los contenidos de la universidad brasilera, la joven manifestó que “me sentí muy bien. La Facultad allá está orientada a lo que es investigación, por lo que los chicos no tienen prácticamente experiencia. No cuentan con una planta piloto, no saben de elaboración. Cada evaluación es realizada a partir de las filminas dadas en clase, no complementan la información con libros. Las evaluaciones son bastante sencillas. Sinceramente, me sentí con muchos más saberes que los chicos que inclusive estaban por graduarse”.
Sobre la Facultad en la que le tocó cursar, Ayala mencionó que “me llamaron la atención, creo que para mí fue muy diferente la finalidad, para ellos es la investigación y nosotros aspiramos en un porcentaje mayor a la industria. Sus profesores son muy jóvenes. Ninguno me impresionó en cuanto a "saberes", que es una de las cosas que más valoro de nuestra Facultad, cada profesor para dejar en claro muchos conocimientos cuentan experiencias que tuvieron en lugares de trabajo y su lista es muy amplia, mientras que los profes de allá muy pocos son los que han trabajado fuera de la Facultad”. En cuanto a lo edilicio “es muy similar a nuestra facultad. Es pequeña y los laboratorios cuentan con los mismos equipamientos”, contó María Belén.
En cuanto al sistema que aplican, señaló que “tienen un cupo de 30 ingresos por año, en Alimentos, sólo ingresan aquellos con mejores notas en sus evaluaciones preliminares. Eso fue una gran sorpresa para ellos, que en Argentina todos tenemos las mismas posibilidades de acceder a una carrera universitaria. Tienen, creo, 5 facultades de Ingeniería de Alimentos sólo en su estado. Mientras que nosotros creo que tenemos la misma cantidad en todo el país”.
Por último, la estudiante concordiense comentó que “pude conocer otros lugares, viajé dentro de Rio Grande Do Sul a Torres, Osorio, Cambará do Sul y Bento Gonçalves. En Torres fuimos para un fin de semana largo del primer mes, en época de carnaval, con algunos argentinos en carpa, al ladito de la playa. En Osorio y Cambará conocimos cañones increibles y cascadas. Bento Golçalves conocí yendo a dos visitas de vinícolas con la UFRGS. Fuera de Rio Grande, fui a Bombas en Santa Catarina para pascuas, hermoso también. Sao Paulo, conocí un poquito de Campinhas, no mucho en realidad. Rio do Janeiro, fuimos antes de que empiece el mundial, conocimos el Cristo, el Pan de azúcar, el Maracaná y tantos lugares hermosos que tiene.
Finalmente mis últimos quince días de intercambio, fui con un amigo español a Natal y Pipa en el estado de Rio Grande do Norte. Es fantástico. Hicimos excursiones en dunas de arena, nadamos con delfines y cosas increíbles. Una de las cosas que más disfrute fue volar. Nunca había estado en un avión antes, y lo considero una experiencia increíble”.